martes 27 de julio de 2010

La Mula de Pedro




LA MULA DE PEDRO.

Por: José Antonio Márquez Castro.

La noche anterior, Pedro se había acostado temprano, mas temprano que de costumbre, tratando con ello de acortar el tiempo y esperando que el nuevo día llegara mas pronto, que amaneciera ya, y no era para menos; hacia mas de un mes de no veía a su novia ya que el rancho donde ella vivía estaba algo retirado, lo cual no le permitía visitarla con frecuencia.
Cuando despertó sería la medianoche y aún así prefirió levantarse, hacía una luna espléndida, tomó su ropa y salió a darse un baño, como hacía calor el agua del arroyo estaba agradable y aunque sabía que en el camino se llenaría de polvo y sudor procuró asearse lo mejor posible.
Después del baño y ya bien cambiadito se preparó una taza de café la cual saboreó con mucha calma.
Luego se dirigió al corral en donde estaban los animales. Pedro tenía un caballo muy bonito pero para viajar hasta el rancho de la novia lo mas apropiado sería que llevara una mula, que se adaptaba mejor al camino que tenía que recorrer.
Su papá tenía ganado y varias mulas y burros que utilizaba para transportar leña, carne, queso y mandado cuando se ofrecía, así que no le sería difícil escoger y así lo hizo, seleccionó la mas nueva, una que su padre acababa de comprar y que todavía no estaba del todo mansa, mas bien era arisca, se asustaba fácilmente, hasta con su sombra, pero a Pedro no le preocupaba nada de eso ya que era muy buen jinete.
Una vez que sacó el animal del corral procedió a ensillarlo, luego amarró una cobija en la parte trasera de la silla y en las alforjas colocó el lonche y un pequeño regalo que le llevaba a la Jesusa, en realidad su novia se llamaba María de Jesús. Esta visita era importante ya que aprovecharía para formalizar esa relación, pues tenía la intención de casarse lo mas pronto posible.
También llevaba ropa para cambiarse antes de llegar, tal y como lo había hecho ya en otras ocasiones.
Pedro vivía en el Garambullo, un pequeño rancho ubicado en la sierra, al cual le daba vida un “ Ojo de agua “ que brotaba junto al cerro, había palmeras, dátiles, frutales y otras plantas que florecían en este lugar; varios corrales, la casa donde vivían que era de palos trabados enjarrada con lodo y techo de palma y abundantes plantas de ornato alrededor de la vivienda. Además del gallinero y una enramada en donde tenían un “Zarzo “ para guardar el queso.
Por su parte María vivía en San Dionisio , comunidad localizada a varios kilómetros de allí, junto al arroyo de Quepo, con abundante agua corriente todo el año lo que les permitía tener sus animales y cierta vegetación distinguiéndose por aquellos inmensos árboles que crecían a los lados del arroyo y que eran unos enormes guamuchiles, pero además había un pozo de cielo abierto cerca de la casa y con el agua que de él extraían satisfacían las necesidades mas apremiantes del hogar.
Para ir a San Dionisio de Quepo, Pedro tenía seguir el cauce del arroyo de “Las Tinajas”hacía abajo, hasta pasar por el Mesquite y el Dulce, dos ranchos cercanos a su casa, luego doblar hacia el norte entrando por La Cañada de la Higuerilla ; subir después por La Mesa de Guadalupe, atravesar La Cañada de Las Lagrimas para finalmente cruzar La Mesa de La Tórtola , La Poza Muerta y el arroyo de Quepo hasta llegar a San Dionisio
Para hacer este recorrido Pedro había salido casi a la medianoche, mucho antes de que amaneciera y era ya mediodía cuando llegó al tajo, allí se detuvo unos momentos y observó la vereda que bajaba hasta el fondo del arroyo, buscaba algún árbol o alguna sombra en donde detenerse ; necesitaba cambiarse, venía cansado , el sudor y la tierra eran parte de él y el calor era sofocante.
Ya estaba por llegar, solo bastaba cruzar el arroyo y pasando la loma estaba la casa de de María de Jesús.
Pico espuelas y la mula comenzó a descender lentamente por la sinuosa vereda y al cabo de unos minutos llego al fondo del barranco deteniéndose junto a unos arbustos , allí desmontó , no quiso perder el tiempo buscando donde amarrar la bestia y prefirió cambiarse allí mismo y para ello se enredó el cabresto en una mano y con la otra empezó a desvestirse, mientras la mula tomaba agua del arroyo.
Ya se había quitado la camisa y el pantalón ,iba a refrescarse con el agua del arroyo cuando salta una liebre y asusta a la mula que sale corriendo sin que Pedro la pudiera controlar, primero intento zafarse y no pudo pues tenía enredada la cuerda en la mano, entonces trata de atrincarse con las espuelas e intenta frenarla con una mano porque no quería soltar la ropa que traía en la otra y al no conseguirlo tira las prendas y lo vuelve a intentar, ahora con las dos manos pero el animal seguía su loca carrera cuesta arriba y la mayor preocupación de Pedro era que solo llevaba puesto el sombrero, las botas y las espuelas y allí enseguida estaba la casa de su novia.
La mula de pedro fue y se detuvo, precisamente, frente a la puerta principal de la casa y a esa hora toda la familia de la Jesusa estaba reunida descansando en la enramada que había en ese lugar.
Al ver llegar a Pedro y su mula, todos se pusieron de pie, de momento no entendían lo que pasaba ya que junto con ellos llegó una nube de polvo que venían levantando la mula y pedro con sus espuelas en el vano intento por detener aquel animal, pero luego, al disiparse aquella polvareda y darse cuenta de lo que pasaba, no alcanzaban a dar crédito a lo que veían y sorprendidos por aquel triste espectáculo durante varios minutos permanecieron inmóviles, parecían estatuas, hasta que doña María del Perpetuo Socorro Higuera, que así se llamaba la mamá de la novia, alcanzó a reaccionar y tomando una sábana que tenía cerca corrió hacia el muchacho, que no hallaba que hacer y que solo se limitaba a taparse con las dos manos lo que podía, cubriéndolo inmediatamente.
Por su parte Don Arnulfo Castro, que era el papá de la Jesusa solo movía la cabeza de lado a lado como reprobando los hechos pero sin decir palabra alguna.
La novia, que era sumamente vergonzosa, se retiró hacia su cuarto y no volvió a salir de el, seguramente algo o todo lo que vió no le gusto, de tal manera que Pedro tuvo que regresar a su rancho, avergonzado, sin novia y sin calzones ya que, por mas que los buscaron, no los pudieron encontrar.

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