LA NORIA
Por: José Antonio Márquez Castro.
Serían como eso de las cuatro de la tarde cuando Javier llegó justo frente a la casa de Petronila. Hacía calor, bastante calor a pesar de que el cielo estaba nublado y amenazaba con llover, sin embargo, no fue motivo que impidiera al jóven enamorado viajar hasta San Pedro de la Presa a ver a su novia y sobre todo en esta ocasión en que solicitaría formalmente permiso para visitarla en su casa ya que hasta la fecha la miraba en la noria que se encontraba abajo en el arroyo no muy lejos del lugar.
Desde que salió de su casa, Javier venía preocupado y nervioso ya que el solo pensar en tener frente a el a Don Manuel, que era el papa de la Petronila, se le entumian las manos de puros nervios, sin embargo o era ahora, o nunca.
Al llegar frente a la casa, Javier jaló suavemente la rienda de la mula y esta se detuvo exactamente frente a la casa, permaneciendo sobre ella como queriendo alargar el tiempo lo mas que fuera posible y que no llegara ese instante tan deseado como incomodo.
El sabía que no sería fácil y eso lo mortificaba y desde antes, casi desde que salió de su casa, repetía y repetía por el camino y en voz alta lo que le diría a Don Manuel cuando lo tuviera enfrente, había estudiado palabra por palabra todo lo que tendría que decir y confiaba en que los nervios no lo traicionaran en el momento preciso.
Había salido temprano de su rancho que estaba como a unos diez kilómetros más ó menos de distancia, llevaba su mejores prendas, un sombrero nuevo, camisa de cuadros de botoncillos; pantalón de mezclilla, botas vaqueras y su pañuelo colorado amarrado del cuello, lo mejorcito que tenía lo guardó para esta ocasión tan memorable. Hubiera querido llevar su caballo pinto, un hermoso ejemplar, pero lo indicado para ese trayecto era una mula, que aunque caminaban lento eran buenas para andar por la sierra, no se cansaban fácilmente y aguantaban bien el camino. El único problema con la mula que llevaba es que era bastante arisca y no permitía que casi nadie se le acercara.
Petronila , desde hace rato, observaba muy discretamente desde la ventana de la casa la llegada de Javier y esperaba con ansiedad en desenlace de los acontecimientos, de los que ella parte principal.
El tiempo transcurría y el novio seguía sobre la mula esperando, tal vez, que alguien saliera a recibirlo o que lo invitaran a pasar a la casa.
Mientras eso sucedía la mula, ya había llenado de excremento el lugar donde estaba parada y cuando aquel joven se dio cuenta de que el padre de la novia salía a recibirlo trató de mover a la bestia para bajarse del animal y poder saludar al su futuro suegro; sin embargo, Don Manuel llega rápidamente hasta él y extiende la mano para saludarlo asustando con ello al animal y haciendo que se saque hacia un lado provocando la súbita e inmediata caida del jóven vaquero que como regla llegó al suelo quedando tendido, precisamente, sobre el excremento que minutos antes había regado aquel animal; de tal forma que aquel jóven se levantó inmediatamente con la camisa
toda manchada de estiércol, todo revolcado y para colmo de males, una botella de tequila que le llevaba al suegro se le quebró en la caida derramándosele sobre el pantalón y dando la impresión de que del golpe se había orinado en los pantalones.
En ese momento pudo mas la vergüenza que el amor, Javiercillo tomó el sombrero del suelo, se miro la ropa y se medio sacudió, miró a Don Manuel y se montó nuevamente a la mula pegándole un jalón a la rienda, el animal dio media vuelta y salió trotando hacia el monte de regreso por el camino que había llegado.
La novia salió corriendo hacía el arroyo, precisamente hacia la noria, la noria lugar que tanto recuerdos bonitos le guardaba. Allí lloró sus desventura durante varias horas sin que nadie se atreviera a molestarla.
Pasaron los días, las semanas y los meses y del aquel triste acontecimiento pareciera que nadie se acordara, solo en el corazón de Petronila seguía presente la imagen y el recuerdo de aquel joven que le había robado el pensamiento.
Algunos meses después en un rancho cercano se organizó un gran baile al que acudieron gente de todas las comunidades cercanas y al que también asistió Petronila tratando de olvidar sus penas, sin embargo cual sería su sorpresa ya que en primera fila estaba Javiercillo quién al verla no pudo ocultar la emosión y la alegría de volver a ver a su amada. Ambos se olvidaron de sus amigos y de sus familiares y discretamente fueron a encontarse.
Ya en la madrugada, al final del baile, todos buscaban a javiercillo y Petronila, sin embargo ya no aparecieron. No fue sino hasta días después cuando tuvieron razón de ellos y ahora si tendría que haber boda.
Atrás quedaron la vergüenza de Javiercillo y la timidez de Petronila y ahora los unía, mas que nunca, el amor tan grande que se profesaban y que logró reunirlos nuevamente a pesar de las adversidades pasadas.
FIN.
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